Antes de seguir con la siguiente entrada del diario creo que sería mejor para el lector que explique un poco sobre el espeleísmo y el ambiente en la cueva. En lo que vuelvo a leer y pensar en mi descripción de la cueva me he dado cuenta que gran parte del vocabulario que uso en mi diario de espeleísmo, y las descripciones, o su carencia, asumen que el lector sabe de espeleísmo y cómo es estar en una cueva. En otras palabras, ¡escribo mis diarios para MÍ! Me tomaré este momento para dar una descripción más detallada de la cueva. Contaré sobre cómo fue mientras trabajábamos en la cueva. Y haré un resumen de lo que sentimos hasta ahora.
La cueva fue "descubierta" hace varias décadas cuando una construcción en la zona desenterró su entrada. Desde ese momento hasta el presente ha sido visitada mayormente por los vecinos de la zona y por espeleístas ávidos en la región. Se pueden encontrar latas de cerveza en cualquier parte de la cueva, principalmente en la mitad superior. Cuando se entró a la cueva por primera vez probablemente era preciosa. Polvo, graffitis, gamberros, palomas y un uso habitual han disminuido su atractivo. Siguen habiendo lugares en la cueva donde pequeñas formaciones quedan sin perturbar, como recordatorio de cómo solía verse el resto de la cueva.
Para entrar a la cueva uno debe tener una cuerda bien larga, para así bajar haciendo rápel hasta la roca. Un árbol cercano sirve como un buen punto de anclaje. Una vez que la cuerda está atada al árbol, como a 6 metros de un barranco pequeño, se puede tirar por el borde del barranco hacia un pequeño saliente a unos 4 metros y medio abajo. Los espeleístas descienden la corta distancia hacia la entrada. Una vez dentro de la cueva se debe usar una luz artificial. Mi fuente de luz es una linterna montada a un casco con baterías, conocida como linterna T.A.G. El espeleísmo seguro requiere al menos de dos fuentes de luz como iluminación de repuesto. Para mi iluminación de repuesto tengo una linterna mini-mag montada a mi casco, y otra linterna para montar al casco en mi mochila (la cual llevo siempre conmigo). También tengo unas barritas luminosas que siempre llevo conmigo. No son consideradas buenas fuentes de iluminación de repuesto, por algunos, pero son buenas para usarlas en los descansos para comer. Y PODRÍAN usarse para salir de una cueva si las otras fuentes fallan.
Tras escalar un poco por unas rocas grandes el espeleísta llega a un foso grande. La misma cuerda se usa para alcanzar el fondo del foso. La caída es solo de 15 metros o así, pero no puedes colgarte libremente. En otras palabras no puedes ir bajando con la cuerda directamente, lo que es preferible. Tienes que reptar por rocas afiladas mientras desciendes. El ascenso se hace más complicado por la misma razón. El foso varía en diámetro por unos 3 metros, desde menos de 1 metros hasta 1,2 en unos sitios. Las paredes están revestidas con una roca afilada y blanca llamada popcorn. Bueno corrijo: solía ser blanca, pero ahora está cubierta de polvo y tierra que fue pateada desde arriba tras años de espeleísmo. El popcorn hace que sea complicado al pegarse contra los lados del foso. Mi elección de ropa son Levi's, camiseta, guantes y rodilleras. Normalmente salgo de la cueva con unos arañazos pero al menos estoy cómodo mientras escalo por dentro. La temperatura es estable todo el año. Fresco en verano, y cálido en invierno. Hemos entrado en días helados, y a 3 metros dentro de la cueva hace tanto calor que ya ni hace falta llevar chaqueta. Es una buena temperatura con la que trabajar, como hemos aprendido.
Para una caída como esta suelo usar un dispositivo de descenso tipo "8". Para subir, me sujeto a la cuerda usando un ascensor Petzl, pero subo por mi cuenta sin usar el dispositivo. Sirve únicamente como medida de seguridad, por si me resbalo. Otros espeleístas tienen sus métodos para bajar y subir. Al fondo de la caída el espeleísta tiene que gatear por un rato. Hay una estancia pequeña, de unos 2X2 metros, al fondo que le da al espeleísta un sitio para dejar el arnés y el equipo de descenso/ascenso. Ya que no hay más descensos empinados el arnés ya no es necesario y solo será un estorbo.
Una vez que el espeleísta baja hasta la estancia de 2X2 se puede tomar un descanso bajo el saliente mientras el resto del equipo baja. Entonces debe arrodillarse para meterse por un pasaje de 3 metros de largo que solo tiene menos de metro y medio de alto. Aquí es donde las rodilleras son útiles. El suelo está cubierto de tierra blanda, repleta de trocitos de roca rota de arriba. La capa fina de tierra no amortigua nada el golpe que reciben las manos y las rodillas mientras el espeleísta avanza a gatas por el estrecho pasadizo. Como recompensa, al final del recorrido, puede ponerse boca abajo y arrastrarse por debajo de un espacio muy estrecho. No "muy" estrecho, pero lo suficientemente bajo como para que el espeleísta se tenga que deslizar por la tierra.
Una vez que el espeleísta llega al otro lado del pasadizo hay poco más de medio metro por el que reptar, entonces la cueva se abre lo suficiente como para ponerse en pie. Para la mayor parte del resto de la cueva el espeleísta se puede levantar, o al menos encorvarse. La cueva se divide en varios pasajes llegados a este punto. Dos rutas serpentean entre rocas y grietas y terminan sin salida. Las otras dos lleva a pequeñas piscinas de agua. Cada ruta es divertida de explorar. Todas tienen unos 30 metros de longitud con una pendiente gradualmente descendente. La mayor parte del tiempo el espeleísta puede caminar erguido en los pasajes. Otras veces tendrá que escalar por piedras enormes o de vez en cuando ir de manos y rodillas.
El agua es una ocurrencia común en las cuevas. Me han contado que unos de los vecinos de la zona fue una de las primeras personas en la cueva, y que su primo se metió en las piscinas usando equipo de buzo. Dijo que la cueva continuaba hacia abajo por más de 30 metros bajo el agua. Lo que esperaba, y lo que suele pasar, es que el pasaje llegue a otro sitio, con pasajes vírgenes por explorar.
Desafortunadamente no poseo el conocimiento para dar más detalles acerca del tipo de rocas de la cueva. Cuando estábamos taladrando había partes que eran más fáciles de taladrar que otras. Y había colores distintos en la roca (consulta la foto tomada en la cueva). Pero eso es lo mejor que puedo hacer para describir el maquillaje de la cueva.
En el punto donde la cueva se divide en cuatro rutas, los dos pasajes que no tienen salida son los que están a la izquierda del espeleísta. Justo delante y a la derecha están los pasajes que llevan a las piscinas de agua. La entrada del pasaje de la derecha es la más grande de las cuatro. La abertura arqueada se eleva a casi 3 metros, acabando a apenas 30 centímetros del techo de la cueva. En lo que el espeleísta entra al pasaje el techo va bajando poco a poco hasta que está a casi 2 metros de alto. Sigue a esta misma altura por los 12 metros que tiene el pasaje en dirección contínua. Esta sección de la cueva se asemeja a una mina de roca dura. Con su arco casi perfecto y el suelo plano y fácil de caminar. No puedes evitar imaginar vagonetas oxidadas sobre vías, y mineros cubiertos de polvo con las manos llenas de ampollas sujetando picos desafilados. La pseudo-mina llega a su fin y el espeleísta una vez más se ve forzado a ir a gatas por el suelo de la cueva. Esta vez el pasadizo dura unos 6 metros. El suelo se inclina un poco hacia abajo en la primera parte del pasadizo. Luego desciende bastante y resbala. Los espeleístas capacitados aún pueden ir con cuidado por la rampa resbaladiza. Cuando voy con B llevo el extremo de la cuerda que usamos para bajar hasta aquí. Suelo necesitar atar otra cuerda más corta a la primera cuerda para asegurarme de que él llega al fondo. El pasadizo dura menos de un metro más allá del fondo de la rampa. Durante los próximos 3 metros y medio o menos el espeleísta empieza a ponerse en pie.
Tras unos pocos pasos y bajar por una caída corta el espeleísta llega a una pequeña zona llana con un pasaje que lleva hacia abajo justo a la izquierda. El pasaje termina tras casi 23 metros en una de las pequeñas masas de agua. A la derecha hay un muro de roca. Justo delante hay una hendidura en la pared que se adentra unos 90 centímetros. En la pared en la parte posterior de la hendidura hay un pequeño agujero, casi del tamaño de una pelota de sóftbol. Para acercarse al agujero el espeleísta se agacha bajo un saliente y se arrodilla sobre las rocas que se alzan del suelo unos pocos centímetros. Para cuando el espeleísta llega aquí ya está acalorado o sudando y lo primero que nota es la brisa fresca que sale soplando del agujero. Es debido a que reconocí este agujero como una posible puerta a porciones sin explorar de la cueva que al final me llevaron a contar mi experiencia.
Como ha sido tradición mía durante todos los años que he estado haciendo espeleísmo, el equipo llega a un punto en la cueva, normalmente en la parte más profunda de la cueva, en donde todas las luces se apagan. La oscuridad total llena los ojos. Por un momento el espeleísta tensa los músculos del ojo, centrándose una y otra vez con la esperanza de atisbar un ápice de luz en alguna parte de la falsa noche. Tras varios intentos inútiles el espeleísta gira la cabeza hacia un sonido, quizás de otro espeleísta, solo para que los otros sentidos vuelvan, haciéndose más fuertes. Los sonidos, olores y sentimientos que habían sido ignorados hasta este punto vienen corriendo hacia el espeleísta en todo lujo de detalles. El dolor de su trasero sentándose en el suelo de la cueva. El olor del polvo, sudor, guano. El sonido de material moderno desplazándose en rocas antiguas mientras los espeleístas intentar encontrar comodidad en esta formación sólida. En lo más profundo de la mente de todo espeleísta en este momento hay un "¿Y si?". ¿Y si una persona TUVIERA que salir de la cueva sin luz? ¿Lo conseguiría? ¿Recordaría todos los giros y las veces que tuvo que agacharse que le hizo llegar a este lugar? Y de no conseguirlo, ¿llegaría un equipo de rescate a encontrarle a tiempo?
La profunda oscuridad reconocida en este momento es algo que rara vez se experimenta fuera de una cueva. Varios espeleístas primerizos declaran errados que tienen que poner la mano a 60 o 90 centímetros de la cara antes de poder verla. La verdad es que el ojo humano es incapaz de ver cuando no hay luz. Si no han oído algo ir hacía ellos, lo sentirían antes de poder verlo. ¡COMPLETA y TOTAL oscuridad! Este ejercicio es una forma genial de recordarle a la gente que debe traer iluminación de repuesto.
En lo que procedíamos a trabajar en la cueva desarrollamos un sistema muy pronto y poco cambiante en viajes exitosos. La primera vez en la cueva B fue el primero en turnarse para ensanchar la abertura. Tras una media hora necesitaba descansar así que le sustituí. Me dijo que hizo lo mejor que pudo y continué haciendo lo mismo. Probamos cosas nuevas de tanto en tanto, usar nuevos músculos, pero solíamos atascarnos en el mismo método. Usábamos la broca de mampostería y hacíamos presión en el taladro tan fuerte como podíamos y taladrábamos un agujero en la roca. Llevamos gafas de seguridad y mascarillas de polvo mientras trabajábamos. Luego insertábamos el pasador y lo martillábamos contra la roca y rompíamos pedacitos de la cueva. Luego taladrábamos otro agujero y repetíamos el proceso. A veces el taladro tocaba un punto flojo en la piedra y hacía que ese paso fue más corto. Trabajábamos hasta estar reventados, luego B y yo cambíabamos de sitio.
Mientras uno estaba trabajando el otro se quedaba en la oscuridad y o bien comía o bebía, o se tumbaba en el suelo de la cueva, acolchado por las bolsas de cuerdas. Después de unas cuantas rotaciones estábamos tan cansados como para echarnos una siesta cada vez que nos tocaba descansar. La única luz que se usaba era la del casco del trabajador. Ya que estaba apuntando al agujero, la persona que descansaba se quedaba plenamente a oscuras. Resultó beneficioso, ya que la persona que descansaba normalmente, bueno, descansaba. El descanso era también un buen momento para refrescarse un poco, el cual no duraba mucho en la temperatura fresca de la cueva. Por suerte la temperatura de la cueva nos permitía trabajar duro y no sobrecalentarnos.
Recuerdo que a veces miraba al agujero y pensaba "Oye, ya es bastante grande. Seguro que quepo y todo", solo para llevarme una decepción al intentarlo. Sin embargo, aún después del primer intento y fallar sabía que seguiría trabajando en el agujero hasta caber dentro. Esto a pesar del hecho de que sabía que llevaría horas de trabajo duro. Se acabó volviendo una obsesión para mí. Intenté salir de la cueva y trabajar tanto como pudiera. Esperaba que el pasaje llevase a una cueva más grande sin descubrir en la que nosotros seríamos los primeros en entrar. Supongo que el explorador en mi interior quería encontrar una nueva frontera ahí en la cueva. Ya que B es un ávido espeleísta estaba motivado por el mismo deseo de encontrar una nueva cueva sin explorar. Lo que acabamos encontrando no fue para nada lo que esperaba...