10 de febrero, 2001



Apenas habían pasado dos semanas y ya estábamos de vuelta a trabajar en la cueva. Admitimos que nos hemos obsesionado con la idea de atravesar el pasaje. Esa podría ser una señal de lo emocionantes que realmente son nuestras vidas. No es que pensemos que va a haber algo genial más allá del pasaje. Tan solo nos gusta la idea de ser los primeros humanos en la faz de la tierra en pisar una parte virgen de la cueva. ¡Aunque si nos topamos con un tesoro escondido pues por mí bien!

Tuvimos un inicio tardío y condujimos parte del camino a oscuras. Cuando le digo a la gente que voy de espeleísmo por la noche me preguntan por qué. No se paran a pensar que siempre será de noche una vez entres a la cueva. Durante todo el camino hacia Cueva Misteriosa hablamos sobre nuevas ideas para acelerar el trabajo. B también me dijo que había hablado con unos amigos espeleístas suyos para sacar una explicación al ruido vibrante. Creen que podría ser el sonido del agua en lo más profundo de la cueva. Posiblemente una cascada. No podían explicar del todo porqué el sonido parecía ir y venir. Para mí es una razón más por la que entrar. Así podemos resolver el misterio.

En este viaje llevamos a la perra de B, Whip. Es una Jack Russel Terrier. No estaba preocupado para nada con llevárnosla a la cueva. La hemos llevado antes. Responde a todas las llamadas de la naturaleza antes de entrar, y luego espera hasta que salgamos. También se porta muy bien dentro de la cueva. Simplemente tuvimos que bajarla con un arnés personalizado hasta que llegó al fondo del descenso principal. Luego hizo el resto del camino por su cuenta. Le encanta explorar, pero no se aleja de nuestra vista. No tiene una luz sujeta a ella, así que tiene que esperarnos. Otra razón por la que no me importaba traer a Whip fue porque planeamos ponerla en el agujero pequeño y ver hasta qué tan lejos del pasaje iría. Eso nos podría dar una idea de lo que hay al otro lado. Sabíamos que si había un descenso que no pudiésemos ver, la perra se daría la vuelta y volvería con nosotros. Pensamos que quizás tendríamos que hacer un poco más de trabajo en el agujero antes de que pudiese meterse.

Clic para ver una foto de la perra de B, "Whip", cerca de la entrada de la cueva.



A pesar de estar trabajando en la oscuridad de la noche fuimos capaces de improvisar y bajar rápidamente. No llevamos tantas herramientas como la última vez. Además, dejamos algunas en el agujero para no tener que ir cargando con ellas hasta fuera y adentro una y otra vez. Conseguí traer dos baterías más para el taladro para tener un total de cuatro. También otras brocas de mampostería. Incluso con la perra conseguimos bajar en tiempo récord. Entonces pasó algo bizarro que no puedo explicar.

La perra empezó a explorar tan pronto como la soltamos de la cuerda. Estaba en el paraíso, oliendo y yendo de un lado a otro a nuestros pies. Iba corriendo de una persona a la otra en lo que nos adentrábamos al lugar de trabajo. En el punto en el que la cueva se divide en cuatro pasajes la perra pareció quedarse sin pilas. Solo se quedaba pegada a B o a mí. Eso parecía un tanto raro. En lo que progresamos al interior de la cueva solo se quedaba al lado de B. Parecía nerviosa. Como si hubiese visto algo que no le gustó. En lo que nos acercamos al descenso antes del agujero, ella se detuvo y solo se acercó cuando la convencimos. El pelo de su espalda se puso de punta. Al final, cuando estábamos a unos 6 metros del agujero empezó a lloriquear, y a esconderse detrás de B. Su cola estaba entre sus piernas y se estaba acobardando pegada al suelo. ¡Qué raro! La he visto meterse con perros el doble de grandes que ella, pero ahora estaba como si el mismísimo Satanás estuviese acechando en la oscuridad. Asumí que tuvieron que haber animales que usaban la cueva como hogar, y que Whip podía oler su esencia. Una pena que eso la haya molestado, porque ni de coña iba a entrar por el pasaje.

Decidimos que con esta novedad (la perra nerviosa) uno de los dos trabajaría mientras el otro se quedaba con la perra a unos pocos metros de donde normalmente descansamos. Nos pusimos manos a la obra con la rutina de taladrar, martillar, etc. Con el suministro extra de batería fuimos capaces de trabajar duro con el taladro y no preocuparnos en cuánto uso le dábamos a las baterías. No hizo que el trabajo fuera más fácil, pero sí que aligeró un poco las cosas. El progreso seguía siendo LENTO. Aunque la verdad es que no me importaba.

Mi diario se va por las ramas sobre el progreso que hacíamos. Todo el rato que estuvimos trabajando, Whip no se movió. Se quedó tumbada sobre una bolsa de cuerdas, temblando. Soltaba algún que otro lloriqueo. Algo que no pensé al momento es que no le quitaba ojo al agujero. Deberíamos haber estado más atentos a este animal intuitivo.

Estábamos con la cuarta batería cuando una segunda cosa bizarra nos pasó. B estaba trabajando. Había terminado de taladrar un agujero y se estaba preparando para martillar el pasador cuando dejó de trabajar y miró por el agujero. Yo estaba tumbado atrás, casi dormido, y apenas prestando atención a B. Tenía una linterna a su lado para iluminar la zona de trabajo. Pude ver en el brillo inquietante una expresión intensa y desconcertante en su rostro. Me miró y negó con la cabeza. Le pregunté qué pasaba. Dijo que jura haber oído un sonido extraño viniendo del agujero. Dijo que sonaba como una roca deslizándose por la roca. Casi como un sonido de molienda. Asumí que le pitaban los oídos por el taladro (no llevaba tapones este viaje). Me aseguró haber oído lo que me dijo. Yo no tenía una explicación, así que volví a sobar. B se sentó en silencio en la cueva un rato largo antes de seguir trabajando. También, se detenía de tanto en tanto y se ponía a escuchar. B tiene los pies sobre la tierra y no es de esos que se pondría a seguir un sonido imaginario. Creo que oyó algo, pero no estaba muy preocupado por lo que fuera. Asumí que lo sabríamos todo una vez entrásemos por el pasaje.

La última batería duró otra hora o así. Estábamos sentados hablando sobre el progreso cuando decidí ir a ver si podía meter la cabeza por el agujero. La cabeza cabía fácilmente, pero nada con los hombros. Mientras estaba de rodillas ahí contemplando qué tan cerca estábamos me di cuenta de algo que B ignoró: ¡El viento había parado! Todas las veces que estuve en la cueva siempre sentí el viento soplando. La última vez que estábamos trabajando en la cueva el viento soplaba peor que antes. Incluso antes recordamos que la brisa nos estaba refrescando. ¡Pero ahora nada! B dijo que no sabía cuándo paró. La vibración también paró. ¡QUÉ BIZARRO!

Esta cueva del montón se estaba volviendo misteriosa. Charlamos un buen rato en la oscuridad de la cueva. Debatimos sobre lo que podría estar causando todos estos eventos inusuales. Creo que parte de la razón por la que estábamos sentados en la oscuridad fue porque estábamos tan molidos que no podíamos movernos. No llegábamos a ninguna explicación razonable de todas las cosas extrañas que ocurrían en la cueva. Tras estar sentados por una media hora lentamente cargamos con el equipo y empezamos a ir a la superficie. Whip no podía estar más contenta por salir de ahí. Una vez más dejamos algunas herramientas en la cueva. Las dejamos donde el agujero. No había mucha gente usando la cueva como para preocuparnos. Además, estábamos demasiado cansados como para que nos importase.

Hicimos mucho progreso en este viaje. Tener baterías extras ayudó mucho. Aún nos queda mucho por hacer, pero seguro que será bonito ver qué tan lejos hemos llegado.

Clic para ver el progreso en el agujero

¡El resto de la entrada del diario habla sobre la escalada para salir de la cueva, pillar una habitación de motel, y SOBAR! ¡Estábamos molidos!

En retrospectiva no me puedo creer lo pasotas que fuimos con todo lo que estaba pasando en la cueva. En aquel momento lo único que tenía en la cabeza era entrar por el pasaje. Todo lo demás era una distracción menor. Sí que recuerdo pensar en que iba a ser bonito entrar y ver cómo funcionaban los mecanismos de la cueva (de dónde salía el viento, qué estaba haciendo el sonido, etc). Ahora, semanas después, pienso en mi ignorancia e inocencia, y me pongo a temblar.


Ruidos

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