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14 de abril, 2001
Solo habían pasado unos cuantos días antes de que B encontrase a alguien que quería explorar el pasaje con nosotros. B me contó que habló con otras personas que no podían hacerlo por no cuadrar con los horarios. Dijo que intentaron sonsacarle información acerca de la cueva y sobre el pasaje. No dijo ni pío sobre qué cueva era para asegurar que la explorábamos a nuestro placer antes de hacerla pública. Incluso el tío que acabó yendo con nosotros no sabía qué cueva era hasta que estábamos muy cerca de ella. Y ha jurado mantener el secreto de no revelar la ubicación de la cueva a nadie del planeta.
No le identificaré por su nombre, así que me referiré a él como "Joe".
Joe, B y yo fuimos temprano por la mañana para asegurarnos de pasar todo el tiempo que quisiéramos en el nuevo pasaje. Cuando llegamos a la cueva fuimos capaces de prepararnos y descender bastante rápido. Es de ayuda que no tengas que cargar con media tienda de hardware hasta la cueva. Joe estaba impresionado por nuestro trabajo. Incluso B y yo nos tomamos un minuto para darnos palmaditas en la espalda por todo el trabajo duro que pusimos. ¡Y por el hecho de conseguir pasar!
Joe es un espeleísta bastante delgado que ha tenido mucha experiencia en cuevas. Dijo que este era quizás el pasadizo más estrecho en el que había estado, pero no parecía molestarle. Supe que físicamente sería capaz de llegar al otro lado, ya que yo era más grande que él y lo conseguí. Estaba tan emocionado como nosotros por entrar y empezar a hacer espeleísmo. Quizás hasta más. Rápidamente se preparó y esperó a escuchar cuál iba a ser el plan de ataque. Pensé en dejarle pasar primero, ya que estaba preparado, y yo le seguiría. B nos pasaría el equipo y nos esperaría al otro lado del pasaje. B nos daba dos horas para volver. Me pareció bonito que B bajase a la cueva e hiciera de niñera para los dos. Uno se aburre mucho sentado en una cueva. Con el plan ya hecho, estábamos listos para la acción.
Fuimos, quizás, irresponsables al no contarle a Joe acerca de todos los eventos inexplicables que habían ocurrido en la cueva hasta que ya había pasado. ¿Pero qué podíamos contarle con exactitud a alguien? ¿Cuántas cosas raras teníamos que revelarle? No sentimos que estábamos en peligro o no habríamos entrado en la cueva por cuenta propia. Así que no le contamos nada antes de que entrase a la Tumba de Floyd. Aunque claro, cuando se lo contamos después, ya era demasiado tarde.
No pude creer cómo de fácil fue para Joe meterse por el pasaje. Dijo que estaba apretado, pero desde mi punto de vista no lo parecía. Una vez llegó al otro lado le pasamos el equipo, luego empecé yo. A pesar de que sabía que podía llegar fue un viaje lento por la Tumba. Solo se puede ir tan rápido como puedas empujar con los dedos de los pies. Cuando llegué al punto estrecho hice que Joe me sacase una foto. Pensé que sería una buena foto. Una vez pasé B empezó a pasarme las cosas. Entonces ocurrió el desastre. Había pasado por todo el pasadizo y me giré para coger el equipo. Me puse de rodillas y aún así me agaché más. Tenía el casco justo en la mano (irónicamente) y la linterna y me estaba girando para devolverle la cuerda a B cuando me golpeé la cabeza con el techo del pasaje. Cráneo humano vs. roca sólida. Roca gana. Le dije a B lo que había pasado y me mandó mi equipo de primeros auxilios. Estaba sangrando, pero peor aún es que no me sentía muy bien. Me puse las vendas, luego le dije a Joe que no creo que sea buena idea que siguiera adelante. Me miró como cuando se le dice a un niño chico que no iban a haber navidades este año (por razones egoístas, por supuesto), quería que al menos él viera parte de la cueva por haber hecho el viaje hasta aquí.
Le conté qué tan lejos tenía que ir y cuánto le tomaría llegar, entonces le deje ir por su cuenta. Mientras estuve ahí sentado pude oírle entrar en la oscuridad. Su luz desapareció en la primera curva. Descansé durante un minuto o dos, luego empecé mi viaje de vuelta por el pasadizo. Fue decepcionante haber llegado al otro lado de la cueva para luego no ser capaz de explorarla hasta el final. ¡De hecho me estaba matando! Una vez pasé la Tumba de Floyd (lo cual fue doloroso) me senté y me comí una galleta Clif mientras B y yo charlamos. Le conté que pagaría por la habitación del motel si se iba a quedar hasta la noche. Luego veríamos cómo estaba al día siguiente y haríamos otro intento en la cueva. Me sentí bobo por haberme golpeado la cabeza con el muro de la cueva. B dijo que estaba dispuesto a darle otro intento mañana. Estaba tan ansioso como yo por darle un cierre a la cueva. Siempre y cuando Joe se quedase por la noche, determinamos acabar con todo el día siguiente. Una vez cerrada la conversación nos sentamos y disfrutamos de la oscuridad. No oímos ningún sonido viniendo del pasaje. El silencio me recordó el ruido de roce que oí la última vez que estábamos ahí. Le saqué el tema a B. Ya que no había explorado la cueva completamente no pude dar ninguna explicación a lo que podría estar haciendo el ruido de roce. O el cambio en la fuerza del viento. O la vibración. O aquel grito horrible que escuchamos. De repente los dos deseábamos no haber mandado a Joe a la cueva a su suerte.
B fue al agujero y gritó por él. "Joe". Sin respuesta. No me sorprende. No nos podemos escuchar el uno al otro cuando estás muy lejos en una cueva. Esperamos con nerviosismo cualquier sonido (Sonidos buenos, claro está. Los de Joe). El límite de veinte minutos había pasado. Luego veinticinco minutos. La verdad es que no tenía ganas de volver a entrar por el pasadizo. La cabeza todavía me palpitaba y el pasadizo se veía más estrecho que nunca. Aún así, sabía que iba a tener que entrar para asegurarme de que Joe estaba a salvo. Justo cuando me estaba preparando para volver vi una luz al fondo del pasaje. "¿Joe?", llamé. Nada. "¡Joe!". Aún sin respuesta. La luz se hizo más brillante y pude oír el ruido de alguien reptando por la roca rota que alineaba la cueva. "¿Estás bien, Joe?". "No", fue su débil respuesta. Cuando llegó al otro lado de la Tumba dijo que no se sentía bien. Rápidamente se quitó el equipo y lo puso en la mochila para que pudiéramos sacarla tirando. En lo que tiraba de la mochila por el pasaje él empezó a meterse por la Tumba. No tuvimos oportunidad de preguntarle qué fue lo que vio antes de meterse para volver. Rápidamente pasó por el pasadizo y por el agujero y finalmente pudimos verle bien. Se veía horrible. Su cara estaba pálida y estaba sin aliento. El polvo que cubría el suelo del pasadizo le dejó marca en su cara y ropa. Tenía muchos cortes pequeños y roces en su cara y brazos. Probablemente de su salida repentina del pasaje. Tenía los ojos como platos.
Solo tuvimos un breve momento para ver el cambio que había tenido Joe antes de que empezara a irse directo a la salida de la cueva, sin mediar palabra. Mientras Joe y B empezaron a ir a la superficie yo me tomé un minuto para recoger el equipo. Entonces me detuve para escuchar por el pasadizo. No oí nada. ¡Y NO SENTÍ NADA! ¡El viento había parado! Parte de mí quería salir de la cueva lo más rápido posible. Pero otra parte de mí quería meterse de inmediato por el pasaje para averiguar qué hizo que esta cueva cobrase vida. Aunque ese no era el momento de hacerlo. Aún me sentía algo mareado por la herida. En aquel momento me di cuenta de que B y Joe ya llevaban un rato subiendo por el pasaje de la cueva y me había quedado a solas. Sentí escalofríos recorriendo mi cuerpo mientras me apresuraba a alcanzarles.
Una vez salimos de la cueva creí que podríamos averiguar más de parte de Joe. Pero tan pronto como hizo la última escalada se quitó la cuerda y fue directo a la furgoneta. A la luz del día se veía incluso peor que en la cueva. B y yo recogimos la cuerda y el equipo y fuimos a la furgoneta. Joe dijo que no quería quedarse por la noche porque se sentía horrible (y le creímos), así que fuimos a casa. No pudimos sacar nada de información por parte de Joe. Solo miraba al frente. Estaba temblando como un flan, y dijo que no tenía frío. Cuando intentamos hacerles preguntas, sus respuestas eran cortas. Le pregunté si vio los jeroglíficos. "No". ¿Nos oyó gritarle? "No". ¿Vio la roca redonda? "No". ¿Vio los cristales? "No". Dijo que solo se adentró un poco y empezó a sentirse enfermo. Había gato encerrado en sus respuestas. Tendría que haber visto los cristales si se alejó tanto al interior de la cueva como para no oírnos gritar. ¿Pero por qué no entraba en detalle?
El resto del viaje pasó en un silencio espeluznante. Joe no dijo mucho más. Le dimos una breve sucesión de los eventos extraños que ocurrieron en la cueva. No respondió. Mientras le dejábamos le preguntamos si quería volver a la cueva. Sacudió la cabeza y corrió a su casa. Intenté llamarle más tarde ese día y al siguiente pero solo saltaba el buzón de voz.