28 de abril, 2001



En esta entrada del diario discuto brevemente los sentimientos que B y yo teníamos en ese momento. Me gustaría entrar en detalle sobre dichos sentimientos y crear el ambiente para esta parte de mi diario. Espero poder plasmar con éxito los pensamientos y sentimientos exactos que tuvimos mientras contemplábamos el siguiente movimiento. Si no me temo que para el lector promedio pareceremos ignorantes, inocentes o directamente idiotas.

Esta cueva representaba para nosotros la culminación de semanas de trabajo duro, en conjunto con una hilera de emociones. De la fatiga al miedo. De la anticipación al dolor. De la frustración a la gloria. Para nosotros no estábamos frente al borde de una posible destrucción, sino más bien estábamos honorando un compromiso tácito. Muy parecido a un padre con un niño rebelde. No íbamos a abandonar a nuestro "hijo" por miedo a lo desconocido. Guste o no esta cueva se volvió parte de nosotros. Y ahora debemos ver esta aventura hasta su final. Además, explicaciones detalladas aparte, ¡la curiosidad nos comía vivos! A pesar de la cantidad sobrecogedora de sucesos sin explicar que experimentamos, TENÍAMOS que volver a esta cueva. ¿Qué estaba haciendo el ruido vibrante? ¿Qué causaba el cambio en la fuerza del viento? etc, etc, todo hasta llegar a Joe. ¿Qué es lo que le pudo pasar? ¿Qué vio? ¿O experimentó? Tuvimos tantísimos debates largos sobre cuál iba a ser el siguiente movimiento. Acabábamos llegando a la misma conclusión: Teníamos que volver a la cueva. No podíamos ofrecer ningún escenario posible que pudiese resolver los varios acertijos que yacían en lo más profundo de la cueva. La única forma que podíamos esperar para completar el rompecabezas sería conquistar la cueva. Íbamos a volver a Cueva Misteriosa.


Dos semanas después de nuestro viaje con Joe y ya estábamos de camino a la cueva. Para prepararnos para este viaje contactamos con el grupo de espeleosocorro local y nos dieron permiso para tomar prestado su teléfono bidireccional de baja tensión. El teléfono consiste en dos transreceptores y una bobina larga de alambre fino. Puedo ir desenrollándolo mientras iba por el pasaje y me mantenía en contacto con B todo el tiempo. También pensamos que sería una buena idea llevar una videocámara al nuevo pasaje. Compré una carcasa que protegería la videocámara del polvo, al igual que de rocas afiladas. Estaba más que dispuesto a pagar el coste de la carcasa solo para asegurarme de que B pudiese ver el pasaje entero.

Tenía mejor la cabeza. Aún seguía teniendo una línea de color rojo claro que marcaba el lugar donde intenté romper la roca con la cabeza. Nunca fui al médico, pero fue una experiencia muy dolorosa. He pensado sobre lo que podría haber pasado si hubiese sido capaz de ir al pasaje con Joe. Era un hombre cambiado cuando salió. He estado llamando a su casa casi todos los días intentando hablar con él, pero no quiere responder al teléfono. B llamó a su trabajo y un amigo en común le dijo que Joe había solicitado la baja médica hace dos semanas y que no había vuelto desde entonces. Dijo que Joe advirtió a su jefe que iba a estar ausente por un tiempo. Hasta pasé por su casa dos veces. La primera vez para ver si alguien estaba en casa, pero nadie abrió la puerta. La segunda vez su coche no estaba y no había luces encendidas. Esperaba hablar con él antes de este viaje, pero no se pudo.

Mientras estábamos atando la cuerda para descender a la cueva sentí algo por primera vez. ¡NO QUERÍA ENTRAR A LA CUEVA! No fue un presagio. No estaba recibiendo una premonición por el estilo. Simplemente no deseaba entrar al mundo subterráneo de Cueva Misteriosa. No compartí este sentimiento con B en aquel instante. Aunque no tenía ganas de entrar a la cueva, sabía que TENÍAMOS que hacerlo. Así que volví a revisar el equipo, y me dejé caer por el borde del acantilado.

Justo desde el principio parecía que la cueva no quería que estuviésemos ahí. Nada fue como la seda. Cada vez que intentamos enganchar un mosquetón o atar un nudo o sujetar algo a la cuerda tuvimos que hacerlo dos o tres veces para que quedase bien. Por suerte reconocimos esto y nos aseguramos de que todo estaba bien seguro y sujeto. Mientras bajábamos lentamente nos dábamos con los lados de la cueva continuamente, o nos tropezábamos al caminar, o se nos caían cosas. Finalmente llegamos a un punto donde paramos para recuperar el aliento antes de seguir. Nuestra carga era relativamente más ligera pero estábamos tardando la tira para llegar al agujero. Finalmente lo conseguimos.

Revisamos la cámara y el teléfono para asegurarnos de que habían sobrevivido el viaje. Probamos todo y juntamos el equipo que queríamos llevar al pasaje. Entonces fue el momento. Nos miramos, pero no dijimos nada. Luego me giré de cara al pasaje. Mientras rotaba mi cuerpo para empezar a entrar en la Tumba esperaba desesperadamente que sería la última vez que contorsionaría el cuerpo para entrar en esta pesadilla claustrofóbica.

El viaje por la Tumba de Floyd fue como la seda, en sentido figurado. Tras pasar al otro lado nos tomamos unos minutos para hacer que todo pasase a mi lado. Me preparé y probé todo el equipamiento. El teléfono funcionaba de maravilla. Grabé con la videocámara el pasadizo, y luego la primera sección del nuevo pasaje. Ya que iba a ser incapaz de grabar mientras reptaba mi plan era arrastrarme a la siguiente sección y entonces parar y grabar un poco más. Podría grabar por lo que acababa de pasar y luego grabar por donde iba a reptar después. De esa forma podría tener cada sección desde ambos extremos. Estaba empezando a sentirme muy bien por el viaje. Tuve una sensación de satisfacción personal por ser capaz de darle a B una forma de ver los frutos de su esfuerzo. Era incómodo cargar con la cámara y desenrollar el alambre del teléfono mientras intentaba ir a gatas. Aunque sabía que merecería la pena.

Las pequeñas formaciones eran demasiado pequeñas para mostrarlas en el vídeo. Con luz exterior normal no habría tenido problema pero con la linterna del casco como mi única fuente de luz el esfuerzo fue en vano. Las formaciones de cristal se veían muy bien. Eran lo suficientemente grandes y acabé sacando buenas imágenes. Aproveché que paré de grabar para revisar el teléfono. Era acogedor oír la voz de alguien mientras estaba en lo más profundo de un pasaje. Charlamos brevemente y luego desenchufé el teléfono y me preparé para continuar. El teléfono parecía un teléfono normal pero mucho más grande. Más parecido a los que ves en películas bélicas. Cuando quería hablar con B tenía que enchufar el teléfono en un jack especial en la bobina de alambre. El motor estaba en el lado del teléfono de B así que siempre estaba encendido. La recepción era tan clara como un teléfono normal. Seguí adelante.

A pesar de que el progreso era lento fue seguro. Las cosas iban muy bien hasta que llegué a la roca redonda. Una vez más tuve una sensación extraña, justo como la última vez. Miré a todas partes con cuidado pero no vi nada de lo que alarmarse. Procedí a grabar la sala entera. Saqué buenas imágenes de todos los ángulos de la roca redonda. Saqué de las paredes, el techo y el suelo tan bien como pude. Hasta saqué una buena toma de la figura en la pared. Era difícil ver algo con exactitud en el vídeo, pero se podía ver que había algo ahí. Una vez grabé todo hasta estar a gusto me moví hacia el final de la estancia, preparado para explorar nuevo territorio.

Al final de la sala grande había un pasaje que llevaba a la oscuridad. La entrada estaba como 30 centímetros más baja de mi cabeza y parecía que continuaba a esa altura hasta tan lejos como podía ver. Me agaché bajo el techo y me preparé para las nuevas vistas. Los muros del pasaje nuevo eran más oscuros que el resto de la cueva en este punto. El suelo estaba hecho del mismo tipo de rocas rotas. El techo tenía el mismo tipo de arcos casi perfectos como en la vieja sección de Cueva Misteriosa. Casi parecía fuera de lugar en la atmósfera irregular de una cueva. Solo pude ver el fondo como a 9 metros o así donde el pasaje parecía tener un giro a la derecha. Pensé que este sería un buen lugar para saber cómo le va a B.

Le llevó unos cuantos bips antes de coger el teléfono, pero una vez lo hizo su voz era cristalina. Sonaba como si se acabase de despertar. (¿Me había ido hace tanto?) Dijo que le iba bien y que podía tardar tanto como lo necesitase. Le di las gracias y colgué. Su paciencia había sido maravillosa durante todo el proyecto. Se ha pasado muchísimo tiempo esperándome mientras yo exploraba el pasaje. Estaba contento de que siguiese dispuesto a sentarse y esperar. Colgué el teléfono y empecé a grabar el nuevo pasaje, entonces ocurrió...

Escuché el ruido de roce desde detrás de mí. Era alto. ¡Estaba cerca! ¡Venía de la estancia grande de la que acababa de salir! Me fui a girar para dar la cara a lo que fuera que hacía ese ruido. Cuando lo hice perdí la cabeza y me levanté al mismo tiempo. ¡Crak! Mi casco se golpeó con el techo del pasaje. La linterna se rompió y estaba enterrado en la densa oscuridad. El dolor pasó por cuello hasta mi espalda. El casco me había protegido la cabeza pero tenía el cuello casi entumecido del impacto. El miedo se apoderó de mí y las rodillas empezaron a fallarme. Me desplomé lentamente y sin quererlo sobre mis rodillas. Coloqué con cuidado la cámara en suelo mientras empezaba a ver las estrellas del dolor en la parte superior de la espalda. El ruido de roce solo duró un segundo y ahora el sonido que podía escuchar era el de mi respiración provocada por el pánico. No solo pude sentir el miedo oprimirme el pecho sino que la oscuridad parecía mantenerme inmóvil. Sentí como si fuera vulnerable desde cualquier dirección. Quería darme la vuelta y mirar detrás de mí, y a los lados, y frente a mí. Allá donde mirara todo era negro. Finalmente rompí el estupor de horror lo suficiente como para ir a por una fuente de luz alterna, la mini-mag de mi casco. Giré la linterna para encenderla, ¡y cuando lo hice casi me puse a llorar! Había olvidado cambiarle las pilas a unas nuevas y ahora lo único que podía ver era a menos de un metro. Aún así, fue mejor que nada. Inmediatamente empecé a alumbrar la linterna con todo mi ser por toda la estancia. Me esforcé por ver si podía observar cualquier movimiento en la sala. Nada.

Estaba temblando muchísimo mientras me quedaba ahí intentando averiguar qué hacer. Mi mente no pensaba con claridad. Honestamente creí que iba a morir justo ahí en la cueva. Por un momento efímero me pregunté cómo iba a saber B lo que me estaba pasando. Y entonces me di cuenta de repente: ¡EL TELÉFONO! Mi mente tuvo que haberse aclarado en ese momento porque también pensé en las barritas luminosas. Sin quitar ojo de la sala grande me puse a buscar las barritas luminosas en la mochila. Ya que llevaba el teléfono y la videocámara quité tantas cosas como pude de mi mochila y una de las cosas que dejé con B fue mi linterna de casco de repuesto. Por tanto solo me quedé con las barritas luminosas. Encontré una y la saqué del envoltorio. Noté que había algo raro por cómo sonó. Se había roto sin querer y ahora era inútil. La tiré al suelo y busqué otra en el paquete. Dejé de mirar a la sala grande solo para revisar el pasaje detrás de mí ocasionalmente. Encontré otra barrita luminosa y la partí para encenderla. El ligero brillo verde creó unos colores inquietantes en las paredes de la cueva. La barrita apenas daba suficiente luz para ver la zona a su alrededor, y no daba pistas de lo que yacía más adelante. Busqué otra luz en el paquete, de nuevo sin quitarle ojo a la sala. Sentí la tercera barrita luminosa y la saqué del envoltorio. Tras partirla para asegurarme de si funcionaba dudé, luego tiré la barrita luminosa a la sala grande.

Fue un tiro perfecto y la barrita navegó por toda la sala. En el breve momento en el que la luz viajó por la sala no vi nada más que las paredes de la cueva. La ausencia de algo inusual no hizo nada para calmar mi estado de pánico. Al fondo de la sala pude ver por un instante la roca redonda cuando la luz rebotó sobre ella. Luego la luz fue detrás de la roca y parecía desaparecer. Seguía temblando, pero al menos no vi nada. Aún así, estaba el ruido...

Usé la barrita luminosa para alumbrar bien el teléfono y con los dedos temblándome conseguí enchufar el teléfono en el jack. Me puse el teléfono a la oreja y oí... ¡NADA! Los bips de siempre que indicaban que había conexión con el otro teléfono no sonaban. Aterrorizado saqué el teléfono del jack y lo volví a insertar. De nuevo, silencio. No había señal. ¡¿Qué había pasado?! ¡ACABO de hablar con B! Acabé casi llorando del miedo. Supe que la única forma de salir iba a ser volver por donde vine. ¡Pero había ALGO ahí! Un tercer intento de contactar con B me llevó al mismo resultado. Intenté pensar en otro plan, pero solo podía centrarme en el recuerdo del sonido de molienda que escuché. En mi débil estado me desplomé contra el lado del pasaje, respirando como si acabara de terminar una maratón, sin dejar de romper contacto visual con las sombras de la sala grande. En cuanto mi hombro toco la pared tuve una fortísima punzada de dolor recordándome la colisión con el techo de la cueva. Desesperación, agonía, terror.

No puedo decir con exactitud cuánto tiempo estuve ahí, pero tenía un cosquilleo en los pies y tenía las rodillas dormidas. El dolor de espalda se fue extendiendo hacia abajo, aunque no noté ningún cambio en el cuello. Decidí intentar salir de este malvado pasaje. Sabía que si esperaba demasiado perdería la poca luz que tenía. Intenté ponerme en pie, pero no tenía fuerzas. Repté lentamente desde el extremo más cercano de la sala grande, arrastrando la mochila detrás de mí. Usando los muros de la cueva fui capaz de levantarme lentamente, aunque no erguido por tener dormida la espalda. Con la respiración aún agitada lentamente avancé por la estancia. Fui enrollando el alambre del teléfono mientras iba. Mis ojos miraban directamente al frente, esforzándome por cualquier señal de movimiento. Con cada paso la luz que tenía creaba sombras cambiantes en la pared, manteniéndome ocupado intentando ver cada una. Me ardían los ojos cuando me di cuenta de que no había pestañeado por varios minutos. ¿Cuántos minutos? ¿Cuánto tiempo lleva pasando esto? Los únicos sonidos que pude oír fueron los crujidos de mis pies sobre la roca rota, y el resoplido de mi aliento. Mientras recogía el alambre podía escuchar el chillido de la bobina, con cada giro llevándome más cerca de la Tumba. Más cerca de B. Más cerca de un lugar seguro.

El corto viaje por la sala me llevó una eternidad. Mientras pasaba por el dibujo sobre la roca parecía brillar, como si estuviera dando algún tipo de advertencia. No sabía lo que el dibujo representaba, pero todo acerca de esta cueva parecía inculcar miedo. Hacia el otro extremo de la sala pude ver la roca redonda poco iluminada por los lejanos recovecos de mi luz. Parecía haber algo distinto al respecto, pero no supe el qué. Cuando pasé un metro finalmente pude comprender qué había cambiado. ¡Se había movido! ESO fue el sonido que escuché. De nuevo el terror se apoderó de todo mi cuerpo mientras me daba cuenta de que estaba cerca de... ¡algo! No tuve elección más que continuar. Aún así, no fue fácil. Me acerqué unos centímetros a la roca, sosteniendo la barrita luminosa frente a mí con una mano temblorosa, usándola para perforar la oscuridad. Me detuve justo en este lado de la roca y tiré del alambre del teléfono para tensarlo. Entonces me di cuenta de por qué había perdido contacto con B. ¡La roca ahora estaba justo encima del alambre! Le di un tirón y el alambre se partió. Mi única esperanza de contactar con el mundo exterior dejó de existir cuando ese alambre se rompió. Nunca me había sentido tan solo e indefenso. Enterrado en lo más profundo de la tierra. Había descendido voluntariamente a mi propia tumba, con un ataúd de roca sólida.

Con el teléfono ahora inservible lo dejé en el suelo del pasaje. Mi mirada se centró en la roca redonda, procedí al frente. Mi respiración era rápida, teniendo la garganta seca y dolida y la boca polvorienta. Con cada crujido de la roca bajo mis pies mi corazón parecía detenerse. No se pudo ver ni un movimiento en el brillo verde de mi barrita. Llegué a la roca y me asomé por encima. Al no ver nada tomé varios pasos rápido para pasarla de largo. Cuando llegué al otro lado me sobresalté del horror por lo que vi. En el lado del pasaje cerca del suelo había un agujero, revelando otro pasaje. ¡Estaba siendo cubierto por la roca! ¡PERO AHORA ESTABA EXPUESTO! La roca no pudo moverse por cuenta propia.

Me alejé del agujero y me di con la pared opuesta. No había estado prestando atención al dolor de espalda, pero ahora había vuelto a mí con toda su furia. Miré por el nuevo pasaje descubierto. Por lo que pude ver bajaba a un ángulo de 45 grados y seguía recto. A varios metros por debajo pude ver la barrita luminosa que tiré. Iluminaba el pasaje lo suficiente como para saber que las paredes parecían suaves. El suelo parecía ser igual, a diferencia del resto de la cueva. Por lo que pude ver el pasaje era de casi un metro de diámetro. Habría sido un pasaje fácil de explorar, si tuviera el mínimo deseo de hacerlo. Ahora mismo quería salir de la cueva e ir hacia la luz del sol. Retrocedí lentamente del agujero hacia B. Nunca quité ojo del abismo. Casi me tropiezo con el alambre del teléfono en lo que me daba la vuelta para irme de la guarida del demonio. Noté que la mini-mag estaba prácticamente sin batería, dejándome solo con la barrita luminosa. Quería correr hacia la Tumba de Floyd. Solo oír a otro ser humano me ayudaría a aliviar algo del miedo que estaba sintiendo.

Mientras le daba la espalda a la roca grande y al agujero, una sensación sobrecogedora de pánico me llenaba el alma. Sentí como si una legión de demonios estuviera a punto de atacarme por la espalda. Sentí como si mi salvación yaciera enfrente de mí, y Lucifer estuviera detrás de mí, intentando alejarme de un lugar seguro. Me di cuenta de que me movía mucho más rápido de lo que debería en esa cueva. Lo único que podía pensar era en salir de ahí lo antes posible. Pasé la formación de cristal, apenas notando la preciosa creación de la naturaleza en el brillo verde de mi luz. Cada vez que me agachaba para evitar una roca sentí como mi espalda me gritaba para recordarme la herida. Cuando llegué al punto en el pasaje donde tenía que reptar me tiré al suelo a cuatro patas, sin apenas reducir la velocidad en lo que me dejaba caer. Cuando mis manos entraron en contacto con el suelo de la cueva sentí un choque eléctrico disparándose por toda la espalda, y simultáneamente por los brazos. Por primera vez desde que comenzó esta pesadilla solté un grito. Me desplomé y me quedé tumbado sobre la roca, con nuevos niveles de dolor manifestándose cada vez que inhalaba. Intenté escuchar cualquier otro sonido en la cueva mientras sollozaba de miedo y dolor. Pude sentir el silencio golpeándome en la cabeza. Supe por viajes anteriores que B aún estaba lejos de poder oírme. Pero estaba cerca.

Forzándome a moverme sollocé mientras ponía mi cuerpo a cuatro patas y empezaba a progresar por la cueva. Aún tenía la barrita luminosa en mano, pero había dejado de mirar detrás de mí. Ahora me centraba en lo que tenía al frente. Llegué al punto donde podía gritarle a B, pero no quería hacer ruido. No quería detenerme lo suficiente como para hablar. Finalmente llegué a la recta final de la cueva antes del pasadizo. Mientras me agachaba hacia el inicio de la Tumba llamé a B. Me respondió. Le grité que preparase todo para irnos. Me preguntó si estaba bien (se preocupó ya que no me oído decir nada por teléfono). Le dije que no, y que preparase todo para irnos. Cuando alcancé la cuerda me quité el casco y lo metí en la mochila. Por primera vez me di cuenta: ¡ME OLVIDÉ DE LA VIDEOCÁMARA! Fue un pensamiento efímero. Esa cámara me importaba tanto como a un pasajero del Titanic le importaba una chaqueta o un sombrero. Até la mochila a la cuerda y le dije que tirase de ella. Luego le dije que empezase a ir a la superficie tan pronto como sacase toda la cuerda. Me preguntó por qué y yo grité que había algo en la cueva con nosotros.

La espalda me dolía con cada movimiento que hice. Aunque sabía que no importaba. Estaba yendo por la Tumba tan rápido como podía, a pesar de las heridas. Justo en lo que empezaba a meterme por el pasadizo sentí el viento del pasaje hacerse más intenso, y con ello el hedor más nauseabundo que había sentido jamás. Olía a la húmeda, podrida, rancia y putrefacta MUERTE. Casi me daban arcadas. Tiré de la camiseta y me la puse en la nariz para protegerme de ese olor tan fuerte. En ese momento B también lo olió. Gritó: "¿QUÉ es ESO?". Entonces me gritó que me diera prisa y que saliera. Le dije que ya iba, luego tomé aire a través de la camiseta, y empecé a moverme. Los gritos de B intensificaron el miedo y el pánico que sentía, como si necesitara que me echara una mano. Sabía que él podía sentir la urgencia por salir de este lugar. Aún así, mientras me esforzaba por salir le grité que empezase a irse, que ya le alcanzaría cuando saliese. Dijo que lo haría. Colocó mi barrita luminosa dentro del pasaje, luego empezó a salir.

Esta vez yendo por el pasadizo no tuve reparos en lo estrecho que era el pasaje. Me estaba rozando la cara, las orejas, los brazos y los hombros. Cada centímetro del pasadizo implicaba varios roces con mi cuerpo, pero apenas los noté. La espalda casi me paralizaba del dolor. Una vez más sentí la necesidad creciente de vomitar por el olor que me entraba por las fosas nasales por culpa de la brisa. A mitad de la Tumba de Floyd me tomé un descanso para recuperar el aliento. Me estaba empezando a hartar y la frecuencia de mi respiración estaba por las nubes. El techo del pasaje parecía descansar sobre mi mejilla, y el suelo era como cristales rotos sobre la otra mejilla. ¡En lo que pausaba brevemente para recuperarme oí el ruido de roce venir de lo más profundo de la cueva! Siguió durante varios segundos, luego silencio. Solté un chillido que me asustó. Ya no estaba reaccionando conscientemente al ruido. El chillido fue una respuesta subconsciente del miedo que fluía por todo mi cuerpo. Empecé a moverme en pánico por el pasaje. Mientras llegaba a la parte más grande de la Tumba rápidamente deslicé los brazos bajo mi cuerpo para preparar la posición de salir del agujero. Cogí la cuerda y tiré con todo mi ser. Cuando mis hombros llegaron al agujero se alojaron, ¡y estaba atascado! Apoyé los pies en las rocas y me meneé para retroceder un poco al interior del pasaje. Entonces giré mi cuerpo un poco y lo volví a intentar. Esta vez tuve éxito en sacar la parte superior del cuerpo. Normalmente saldría con cuidado, ya que había una caída de 90 centímetros desde el agujero hasta el suelo. Esta vez me impulsé con las pierdas y tiré con los brazos y PLOP, me caí de la Tumba, justo en el hombro. Intenté rodar para amortiguar el impacto, pero fui incapaz de hacer nada más que llevarme el golpe. Por extraño que parezca el dolor solo se centró en el hombro, al parecer no afectando a la espalda que ya tenía entumecida.

Rodé para ponerme a cuatro patas, luego me empecé a poner de pie lentamente. El olor era mucho más intenso al salir del pasaje. Cogí la barrita luminosa y la usé para buscar el casco. Empecé a ir hacia la cinta para escalar mientras me abrochaba el casco. Cuando llegué a la cinta alcé los brazos para agarrarla y me sobresalté del susto. En el brillo de la barrita luminosa pude ver por primera vez las heridas de los brazos. Tenía los antebrazos cubiertos de cortes profundos y roces. Prácticamente tenía todo un brazo cubierto de sangre. Las heridas no eran lo suficientemente profundas como para sangrar del todo, sino que rezumaban sangre. En ese breve momento que me detuve noté que la cueva estaba en silencio. No venía ningún sonido del pasaje ni de enfrente. Una vez más el sentimiento de soledad volvió, motivándome a seguir adelante. Trepar por la pequeña caída resultó ser difícil en mi condición. Tener las barritas luminosas como la única fuente de iluminación solo hizo que lo fuera aún más. Una vez llegué a la cima me apresuré a alcanzar a B. Me impresionó lo rápido que había subido.

Aunque no hice más mención de mi condición física durante la salida, ¡me dolía todo! Con cada paso que tomaba el dolor se disparaba desde la parte inferior de mi espalda hasta mi cuello. Tenía los brazos triturados y tenía una buena herida en el hombro. Creo solemnemente que de no ser por el terror que sentí en aquel momento no habría tenido la energía ni la motivación para trepar. Estaba funcionando con pura adrenalina. Desafortunadamente el subidón de adrenalina estaba apunto de acabarse.

No vi ni escuché a B hasta que llegué a la zona pequeña del fondo de la caída. Estaba en la cuerda y trepando lo más rápido que podía. Pude oírle moverse rápido y respirando fuertemente. Le llamé y por su reacción asustada supe que estaba casi tan tenso como yo. Me dijo que me atase a la cuerda y empezase a trepar. Ambos sabíamos lo peligroso que sería hacer eso y no era algo que normalmente hiciéramos, pero esto era distinto. Me quedé ahí mirando hacia arriba donde la cuerda desaparecía en la oscuridad. La cuerda daba brincos en los B se apresuraba por salir a un lugar seguro. Estaba fuera de mi vista pero sabía que estaba cerca. Supe que la cuerda era mi salvavidas hacia el exterior. Hacia la luz, seguridad. Detrás de mí la oscuridad, el miedo, lo desconocido. Tuve el pensamiento efímero de una escena de película donde el actor había superado en ingenio al monstruo y había llegado a la puerta principal de la casa encantada. Justo en lo que llegaba para agarrar el pomo oye un sonido detrás de él y se da la vuelta, solo para ver...

Introduje la barrita luminosa en el cordón de mi casco y fui a por mi arnés. Entonces pensé en dejar que B subiera un poco más mientras yo subía por la cuerda hacia arriba que colgaba de la cueva. Eso haría que fuera más fácil salir una vez llegásemos a la parte superior de la caída. Decidí no enrollar la cuerda a mi brazo, ya que estaba entumecido y sangrando, así que subí haciendo una pila en el suelo. Desde arriba oí a B advertirme: "roca", y me escondí bajo el saliente mientras rocas pequeñas caían al suelo cerca de mis pies. Rápidamente fui a volver a tirar de la cuerda. Tenía casi la mitad, unos 15 metros, cuando la cuerda se enredó. ¡AGH! Era sólido. De ninguna manera iba a volver a ponerme a acercarme a la parte enredada para soltarla así que decidí olvidarme de la cuerda y ponerme el arnés y salir de la cueva. Rápidamente me puse el arnés a mi alrededor y empecé a abrocharlo. Antes de que pudiera asegurarlo oí un ruido extraño a mis pies. Mi pulso empezó a acelerarse. Miré abajo hacia la cuerda solo para descubrir para mi horror que la cuerda estaba desapareciendo en la oscuridad. ¡¡¡ALGO ESTABA TIRANDO DE LA CUERDA HACIA EL INTERIOR DE LA CUEVA!!!

Me suelto del arnés y empiezo a abrirme camino por la cuerda hacia arriba. El arnés desabrochado cayó al suelo. Por suerte me agarré a un ascendente. En ese momento no pude pensar con claridad y empecé a trepar para salir de la cuerda sin estar sujeto a la cuerda. Había trepado varias veces sin un dispositivo ascendente, pero siempre me tenía sujeto a la cuerda, por si acaso.

Estaba trepando lo más rápido como mi cuerpo magullado me lo permitía. Estaba en un estado casi de pánico otra vez y por tanto me estaba rozando, golpeando y destrozando los brazos y las piernas. Mientras trepaba le grité a B que algo estaba tirando de la cuerda. Me gritó que me diera prisa. La suerte estaba de mi lado porque no me resbalé y me caí de vuelta al agujero. Si hubiera ocurrido habría rebotado varias veces contra los lados de la cueva antes de darme de bruces contra el suelo. Las heridas habrían sido mortales. Sin la necesidad de tener que parar para deslizar el ascendente hacia arriba pude salir en tiempo récord. Pude ver los rayos de sol por encima de mí, viniendo desde la entrada de la cueva. Eso me chivó exactamente en qué parte de la cueva estaba.

Alcancé a B en el "borde" bajo donde teníamos fijado nuestro punto de reajuste. Le dije que siguiera. Solo le tomaría unos minutos, pero cada segundo sería una tortura, porque tenía que esperar por él para subir. Vi la cuerda por la que habíamos subido. Esperaba ver algún tipo de criatura de lo más profundo de la tierra subiendo para hacerme su almuerzo. La cuerda se movió un poco, en ritmo con la subida de B, pero no parecía tener tensión alguna. Mientras me quedé ahí esperando a B seguí viendo la cuerda buscando señales de algo bizarro. No sabía si mi corazón podía aguantar más estrés. No podía estar más nervioso. Intenté relajarme un poco para asegurarme de que estaba entrando en razón, pero mi pobre cerebro había llegado al límite sensorial. Mientras B llegaba a la cima de la última parte a subir me preparé para engancharme al ascendente y salir cagando leches de ahí. Fue solo entonces cuando noté que la cuerda empezó a tensarse desde abajo. Pude sentir la tensión de la cuerda, pero era una tensión firme, no como la de alguien que estuviese subiendo. De todas formas quería salir de ahí tan rápido como fuera posible. Me enganché y me abrí paso para subir por la cuerda. No me di cuenta pero B había seguido moviéndose hacia la entrada. Subí los últimos metros a toda prisa. Me acababa de desenganchar y seguía moviéndome, dejando la cuerda atrás.

Para cuando llegué a la entrada de la cueva, y a la luz del día, B ya casi estaba donde la cuerda estaba anclada. Quería subir con tantas ganas que casi empiezo a trepar por libre, sin engancharme a la cuerda. Pude ver que B ya casi estaba, así que me enganché y empecé a subir. Casi no llego. Había empezado a subir cuando casi me caigo del agotamiento. Conseguí recuperarme lo suficiente para tirar de mí mismo el último metro. Mientras trepaba pude oír la tensión de la cuerda manifestarse por el ruido de estiramiento que hizo. Recé por que la cuerda no se rompiera conmigo aún enganchado. El segundo en el que llegué al tope me desenganché del ascendente. Pude ver a B arrodillado frente al árbol, así que cojeé hasta él y me desplomé. Por primera vez desde que fui por la Tumba de Floyd pudimos vernos el uno al otro. Solo nos mirábamos. Sabía que me veía fatal, pero no sabía que B estaba en tan mal estado. Tenía cortes y roces en cada superficie expuesta en su cuerpo. Su cara estaba palidecida, casi blanca. Su boca y ojos estaban abiertos del todo. Estaba respirando fuertemente. Casi jadeando. El shock que compartimos al ver la apariencia del otro se rompió en cuanto oímos estirarse la cuerda alrededor del árbol y el nudo que B había atado. Me congelé en el sitio. Sobrecogido por el miedo. B parecía estar con la mirada clavada en el nudo. Entonces con un movimiento sacó un cuchillo de bolsillo y empezó a cortar la cuerda.

Es increíble cómo el estado mental de una persona puede alterar la percepción del tiempo. Estoy seguro de que le llevó 4 o 5 segundos cortar la cuerda del árbol, pero parecía casi una hora. Cuando la cuerda ya había sido cortada, el nudo cayó al suelo, mientras que el extremo de la cuerda serpenteó por las rocas y sobre el borde del acantilado, causando un zumbido por la velocidad a la que iba. Tan pronto como cortó la cuerda, B dejó salir un grito. Soltó el cuchillo y se cayó de espaldas. Ver la cuerda salir volando por encima del borde me trajo de vuelta los sentimientos en el pasaje. Me levanté y fui hacia la furgoneta. Noté que B seguía tumbado ahí, ojiplático, mirando al lugar donde la cuerda desapareció. Le llamé, aquello pareció sacarle de su trance. Se levantó y se apresuró para alejarse del árbol, de la cueva, de la pesadilla. Ninguno de los dos dijo una palabra en todo el camino a casa.

Ya han pasado 4 días desde nuestro viaje a la cueva. Me ha llevado 4 días y docenas de intentos escribir toda esta experiencia en mi diario. Cada vez que empezaba a escribir recordaba los horribles sentimientos que tuve y no puedo escribir más. Me sentí obligado a continuar, para así documentar los eventos increíbles mientras todos los detalles siguen frescos en mi memoria. Aún puedo sentir el dolor. Aún huelo el hedor. Aún experimento el terror. Incluso transcribir mi diario me ha llevado horas. Me gustaría escribir más, pero tendrá que esperar. Incluso ahora, con varios días pasados entre el evento y yo, no me puedo relajar. Apenas puedo concentrarme. Eso es todo por ahora.


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